Aullidos y Rabia

Capítulo 1

Capítulo I: El cazador y su amigo

En un remoto bosque cubierto de nieve, un cazador llamado Erik y su perro, Jake, emprenden una cacería de invierno. Erik, un hombre solitario y taciturno, es conocido en las aldeas cercanas como el mejor cazador de la región. Sin familia ni amigos, su único lazo verdadero es Jake, su perro de ojos dorados y leal compañero desde cachorro. Juntos recorren la taiga, atravesando ríos helados y zonas profundas del bosque donde pocos se atreven a adentrarse. Esa mañana, encuentran huellas que no se parecen a las de cualquier animal. Erik identifica rastros de una manada de lobos, grandes y numerosas. Jake los olfatea y gruñe, mostrando inquietud, como si reconociera el peligro. Los aldeanos cuentan historias de lobos que atacan sin razón, criaturas que muchos consideran "malditas" y que cazan más allá de lo natural. Pero Erik, un hombre de razón, decide seguir los rastros y se interna con Jake en la parte más oscura del bosque. Mientras avanzan, la neblina se hace más espesa y el silencio se vuelve opresivo. Al caer la noche, Erik siente que lo acechan, pero intenta no darle importancia, recordándose que es el cazador y no la presa. Sin embargo, una serie de aullidos le advierten que algo ha cambiado. Los lobos están cerca.

Capítulo II: Pérdida

Al alba, cuando Erik y Jake cruzan un claro, son emboscados por la manada de lobos. Jake, fiel a su naturaleza, salta para proteger a su amo. Erik intenta ahuyentar a los lobos con su rifle, pero se ven superados en número. Los lobos son implacables, atacan con ferocidad y coordinación inusual, como si fueran guiados por una inteligencia oscura. En medio del caos, Erik ve cómo Jake lucha con valentía, mordiendo y lanzándose sobre los lobos sin temor. Pero, ante la fuerza brutal de la manada, su perro finalmente es abatido. Erik se queda paralizado mientras observa cómo su amigo cae bajo las fauces de los lobos, y el dolor de la pérdida se convierte en un vacío abrasador. Algo en su interior se quiebra, y un oscuro deseo de venganza empieza a consumirlo. Decidido a hacer pagar a cada lobo por la muerte de su perro, Erik persigue a la manada, siguiendo sus huellas durante días. Su odio lo mantiene despierto y en movimiento, incluso cuando el frío y el hambre lo acosan. Pero algo en él empieza a cambiar. Los habitantes del bosque lo miran con desconfianza, y él mismo comienza a experimentar una sed insaciable que no comprende del todo. Su cuerpo empieza a dolerle de forma extraña, y sus sentidos se agudizan como los de un animal salvaje.

Capítulo 2
Capítulo 3

Capítulo III: La Transformación

Erik continúa con su cacería, pero a medida que pasan los días, su mente se vuelve confusa. La ira y el dolor por la pérdida de Jake han transformado su propio ser. En un intento desesperado por acabar con la manada, Erik cae en una emboscada. Pero esta vez, no se queda inmóvil. Algo oscuro y antiguo despierta en él, y sus manos comienzan a temblar mientras siente una fuerza sobrehumana apoderándose de su cuerpo. Esa noche, bajo la luna llena, Erik se transforma. Su cuerpo se dobla y retuerce, sus huesos crujen mientras su piel se cubre de un pelaje oscuro y sus sentidos se agudizan aún más. Lo último que recuerda es el rugido que sale de su pecho cuando su transformación se completa. Ahora es uno de ellos: un lobo, una criatura de la noche. Cuando la transformación termina, Erik se da cuenta de que se ha convertido en lo que tanto había odiado, y el precio de su venganza es su propia humanidad. Con los recuerdos de su amigo Jake y una rabia que nunca se extingue, Erik se adentra aún más en el bosque, ahora como parte de la misma manada que una vez persiguió. Convertido en un hombre lobo, su espíritu vaga sin descanso, cazando en la oscuridad y aullando su pena a la luna que nunca deja de observarlo.